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domingo, 27 de diciembre de 2009

Origenes del Correo y del Sello Postal

Las altas autoridades de India, China, Asiria, Caldea y Egipto tenían un
servicio exclusivo de "correos". Durante el imperio de Augusto, en Roma,
los correos a caballo hacían escala en posadas y postas para el cambio
de cabalgaduras, y ya existían correos marítimos, con barcos que partían
de distintos puertos del Mediterráneo.
En la Edad Media, los reyes, monasterios, obispados y universidades,
poseían servicios especiales de mensajeros.
Mucho antes de la llegada de los españoles, en América del Sur existía
el correo. El más eficiente y organizado fue el del Imperio Incaico, que
abarcaba desde la actual
República del Ecuador, hasta el norte de la
República Argentina. Este se basaba en una perfecta red de caminos: el
Camino Real del Inca, con calzadas de piedra de increíble ajuste, puentes
colgantes que salvaban abismos, y torrentes en las zonas montañosas,
y construcciones de apoyo, los "tambos", que permitían a los viajeros y a
los "chasquis" recorrer buenas distancias en cada jornada. Precursores
lejanos de los postillones de la época colonial y de los carteros actuales,
los chasquis realizaban a pie su duro trabajo, llevando las comunicaciones
oficiales de la administración incaica.
El Camino Real del Inca, no transitado por cabalgaduras y menos aún por
carruajes (los incas no conocían la rueda) se conservó durante siglos y hoy
todavía es posible encontrar rastros de esa vereda, símbolo de una cultura.
En el Río de la Plata, el Correo nace en 1748, cuando Don domingo de
Basavilbaso recibe autorización de la corona española para establecer un
sistema de comunicaciones regular basado en carreras de postas. Unirían
Buenos Aires, con Mendoza y
Santiago de Chile, hacia el oeste, y Córdoba,
Santiago del Estero, las provincias del norte y el Alto Perú (actual Bolivia)
buscando llegar a Lima, por entonces la capital del virreinato. Todavía no
existían los sellos de correo (se crearon casi 100 años después). El cobro
por el servicio se hacía documentándolo en cada pieza con un sello de hierro,
casi siempre con la palabra "franca". Con la llegada de la emancipación,
en mayo de 1810, el correo cumple su tarea, participando a través de las
postas en las luchas por la independencia.
En 1825 Bernardino Rivadavia intenta una organización nacional del sistema
postal. Después de la Batalla de Pavón, se unifica el país bajo la presidencia
de Bartolomé Mitre. En la de Sarmiento se expanden los ferrocarriles
(establecidos desde 1857), llega el telégrafo y se inicia una etapa cuya evolución
se mantiene hasta nuestros días.

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