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domingo, 31 de enero de 2010

VÍCTOR DELFÍN


Su obra y su credo siguen una misma línea: "Mi trabajo tiene mucho que ver con el arte popular, de él se nutre y a través de él trato de manifestante". Discípulo de uno de los maestros del indigenismo, Alejandro González (Apurímak), asimiló la lección de este: "Hay que poner los ojos en la tierra y buscar en nuestras raíces". Y es lo que hizo, como lo hacían buena parte de los artistas latinoamericanos entre los años treintas y los cincuentas, empeñados en la autoafirmación cultural ante un mundo cada vez mas ancho y ajeno.

Originario de Piura, hizo su aprendizaje en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima y al concluir los estudios, ganó por concurso la dirección de la academia de Puno, de donde pasó a desempeñar la misma función en Ayacucho, entrando en contacto con las artesanías de esas regiones. El retablo ayacuchano es una de las piezas características del arte popular andino. Tiene la apariencia de una caja, dimensiones manuales, portezuelas y figuras en el interior. Parecería una versión mestiza de los retablos medievales, peno los eruditos del ramo piensan que se trata de una huaca de orígenes mas prehispánicos que europeos. Los de Delfín, síntesis inicial de sus preocupaciones estético-ideológicas, le permiten crear composiciones figurativistas, en las que menudean personajes entresacados del costumbrismo, o abstractas.

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